domingo, 23 de septiembre de 2007

El infinito

Dora Lloret

Hay algunas cosas en el mundo que son finitas pero infinitas de contar, como por ejemplo cuántos insectos hay. Ese desconocimiento no nos angustia en absoluto -al menos no a mí- porque al final sabemos que son limitados.
Pero hay cuestiones que me dejan patitiesa, simplemente porque la explicación está más allá de lo que se puede ver. En este caso me refiero concretamente al infinito, ese lugar profundo y sin fin donde se encuentra -finalmente- la Tierra.
Hagamos una aproximación de lugares para ubicarnos mejor: me encuentro sentada en una silla, dentro de una habitación que forma parte de una casa rodeada por otras en lo que se conoce como manzanza, ésta está dentro de un barrio que queda en San Miguel de Tucumán, capital de la provincia de Tucumán, sita en el noroeste de la República Argentina. Mi país -que forma parte del Mercosur- está en América del Sur, una de las tres Américas. El Continente Americano -considerado parte de Occidente- está dentro de la Tierra. El planeta está dentro del sistema solar, que se encuentra dentro de la vía láctea que se encuentra en... el universo que está en...
Donde no hay sostenes para nada. La Tierra flota en un universo que flota en la vía láctea que, a su vez, flota en el infinito. Un infinito hueco negro donde no se sabe qué más hay. En el final no hay nada, porque no hay final.

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