lunes, 13 de agosto de 2007

Asesinato del cásico

Pedrito y el virus [basado en Pedrito y el lobo]
Dora Lloret

Había una vez un chico cybernético: Pedro. El fanatismo de su vida, la sangre de sus venas, su pasión, eran las computadoras.
Todos los días y al menos doscientas veces repetía a modo de tortura:
-Quiero una computadora, quiero una computadora, quiero una computadora...
Su padre ya no encontraba remedio para esta máquina de pedir y decidió acabar con la traumática situación diaria. Le compró la compu.
El mismo día que se la dieron Pedro jugó todos los jueguitos que venía juntando desde hacía 2 años esperando ese día, aprendió no sé cuántos trucos, formateó el disco, abrió la máquina... ¡y qué no hizo!
Cuando parecía haberlo hecho todo, descubrió algo más: los virus. El intrigante tema llamó la atención de Pedro quien comenzó a pensar en la manera de asustar al mundo aunque sin causar un desastre.
Para cumplir su cometido aprendió un par de programas, hizo una interminable lista de nombres y se convirtió casi en un científico.
Junto a un archivo grabó un mensaje que dejó en cada casilla de mail conocida y desconocida. Este no demoró en volverse el terror de cada usuario y fue tapa de diario durante una semana. Expertos técnicos dieron vuelta la red buscando al responsable y la solución.
El mensaje se transportaba en un archivo que, en robótico y metálico tono, al abrirse decía: "Soy el virus del terror, acabo de infectar tu máquina", mientras en la pantalla se veía una especie de piojo infeccioso salido de un basural.
En esa semana el inocente Pedrito hizo llorar a miles de mujeres, dejó insomnes a medio millón de técnicos y paralizó la producción de millones de empresas en el mundo.
Cada vez que el nene abría el archivo en su máquina comenzaba a reírse imaginando a aquellas ilusas personas y la situación (que según él, sin querer) había causado.
Pero al cabo de los siete días se descubrió que no se trataba más que de un archivo creado con sólo ese mensaje y que se desactivaba al presionar enter. No había rastros de virus en el mismo.
No pasaron dos días de aquel en el que descubrieron el fraude cuando Pedrito volvió a abrir el ingenioso mensaje, pero al presionar enter comenzaron a suceder cosas muy extrañas: el piojo comenzó a saltar y pronto se multiplicó invadiendo la pantalla; una diabólica risa salía de los parlantes ocupando todo el espacio. Desesperado Pedro intentó resetear la máquina, hundió sus dedos en todas las teclas, pero nada sucedía. De pronto se enmudeció la criatura y el monitor quedó negro.
El desalentado inventor imaginó que había habido una baja de tensión, un corte de luz o que alguien había desenchufado su computadora involuntariamente.
La máquina no volvió a encenderse y el técnico le dijo que un poderoso virus había, literalmente, devorado el disco de su tan preciada máquina.
Reponerlo costaba bastante dinero y su padre había hecho un sobrehumano sacrificio económico para comprarle la computadora. No tenía ni un peso más.
Así acabaron el fanatismo del chico cybernético y sus virósicas ideas.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

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